Esta mastina extremeña es activa, alegre y juguetona. Explosiva. Solo quiere jugar, pasear, volver a jugar… Menos mal que vive con su compañero, Tuco, que tiene el carácter calmado y seguro de los mastines españoles y ejerce una muy buena influencia en ella. Vivía en la montaña con un montón de animales de granja y cinco niños. El cambio de vivienda los trajo aquí. Es obediente y muy buena comedora. Al pasear se le nota el carácter y hay que andar constantemente controlándola porque podría ser una apisonadora pero lo compensa todo con el mimo y las ganas de cariño y la dulzura que da. Con los niños es todo un espectáculo.
